Friday, January 6, 2017

Impresiones de un viaje alrededor del mundo en 1957


Hace ya un buen tiempo recibí un pequeño tesoro envuelto en un sobre de Manila de esos que ya no se ven: suave, casi brillante, con fibras que sobresalen del papel como si fueran cabello de ángel. Para completar el encanto, el sobre venía sellado con una cuerda delgada envuelta alrededor de dos círculos de cartón.
Adentro había un cuadernillo escrito a máquina, y en letras subrayadas mayúsculas se leía el título:
Diario de mi Viaje a Europa 
Al entregármelo, mi mamá me habló de su abuelo Rubén Velásquez, padre de siete hijos y administrador de la empresa familiar que gestó su mamá Bibiana en las montañas de Abejorral Antioquia.
― ¿Te imaginas al abuelo Rubén sentado en su habitación de hotel o en una casa de sacerdotes escribiendo cada noche lo que vio en Lisboa, en Zurich, en Roma y en Jerusalén?
Mi mamá creció en la casa de sus abuelos y durante años observó el funcionamiento de la cooperativa familiar. Los viernes y los sábados veía llegar al patio de la casona las mulas cargadas con la cosecha de las fincas de los tíos abuelos, que se repartía entre los grupos familiares. Lo que sobraba se vendía en el mercado, y con las ganancias se ayudaban a mejorar sus fincas y cultivos. A los 60 años, después de trabajar toda una vida en el cultivo de la caña y del café, Rubén Velásquez se embarcó en un viaje por Europa y Tierra Santa. Sus impresiones del viaje quedaron en este diario, que tiene unas treinta hojas, delgadas y pequeñas, que miden la mitad de un papel tamaño carta. Apenas empecé a leer, lo imaginé atento y dispuesto a escuchar más que a hablar. Al pasar las páginas, casi que lo oía tecleando, comprometido a dejar testimonio de una jornada memorable.
Rubén Velásquez, en el centro de la fotografía, posa para un retrato familiar. 

Aviones, trenes y subterráneos
El diario comienza con el viaje de cuatro horas por la carretera destapada que separa a Abejorral de Medellín. El bisabuelo se despide de su familia y se embarca en el primero de los 11 aviones que tomaría durante el viaje, este con destino a San Juan de Puerto Rico. Sin mucho detalle, indica que en la isla tomó otro avión, Super Constellation, con destino a las islas Azores de Portugal.
Entonces comenzó su travesía por el viejo mundo: Pasó un día en Fátima, para visitar a la virgen; visitó Oporto, Praga y Lisboa, ciudad natal de San Antonio de Padua. Allí vio los coches lujosos de los reyes de antaño y la casa donde nació y vivió el santo de su devoción.
De Lisboa viajó en tren a Madrid, donde observó en detalle la opulencia del Escorial y la antigüedad de la ciudad de Toledo. Otro tren lo llevó hasta Lourdes, donde participó en una procesión conmovedora, con "millares de cirios como un cielo tachonado de luceros en movimiento".
Su travesía en tren continuó por Niza y Marsella, donde vio playas hermosas y puertos imponentes, y luego Roma lo recibió con su presencia imponente.
Un viaje larguísimo en tren lo llevó a Asís, y otro lo condujo hasta el puerto de Nápoles, donde tomó un ferry para visitar la isla de Capri.
El cuarto tramo en avión lo llevó a Atenas, donde vio los "vestigios de ciudades enormes y toda clase de templos dedicados a los dioses". De nuevo tomó un avión, este para Beirut, capital del Líbano, "donde la moneda es la piastra". El avión hizo una escala corta en Damasco y sobrevoló el desierto de La Palestina para llegar a Jerusalén.
Después de seis días de contemplación, desde la Palestina volvió a Italia, esta vez a Milán, con su catedral monumental, a Turín, a visitar la Sábana Santa y la casa de San Juan Bosco, y "hasta visitó un zoológico donde había un elefante que hacía función". Según su recuento, los viajes en tren por toda Italia fueron eficientes, pero agotadores.  
En avión llegó a las ciudades de Zurich, Francfort y París. Sus descripciones hablan de ciudades modernas, con gran variedad de comercio y una arquitectura impresionante.
Camino a Nueva York, el bisabuelo describe como "interminable" la noche de 17 horas que vivió en el avión. Lo que más le llamó la atención de la ciudad fue la variedad de medios de transporte, incluyendo tranvías, buses, trenes de cercanías y por supuesto el metro, que lo dejó asombrado con su capacidad de mover tanta cantidad de gente.
Del aeropuerto La Guardia en Nueva York voló a Jamaica y finalmente, después de siete semanas de viaje, aterrizó en Medellín.

Tierra Santa
De las descripciones del bisabuelo, las más detalladas son las jornadas en la Tierra Santa. La noche de su llegada, el y un grupo de sacerdotes con los que viajaba participaron en una procesión nocturna en la cual los hombres llevaban cirios al entrar al Santo Sepulcro.
Con lágrimas en los ojos, contempló emocionado la capilla del nacimiento. La visita a cada iglesia (todas levantadas en lugares santos) lo invitaba a meditar en los pasos de Jesús y de su madre en la tierra. Además de describir misas, procesiones y recorridos, incluye en su diario los pasajes de la Biblia que más lo conmovieron durante su visita.
En Jerusalén vio el calvario, la mezquita de Omar y Silac, la casa de Poncio Pilato, la casa de Santa Ana, la piscina probática y el muro de las lamentaciones.
Visitó Samaria, Belén, Getsemaní, la capilla del padrenuestro, la tumba de Lázaro, Jericó y el mar muerto. “Los países de la Palestina son todo desierto. Nada producen”, concluyó.
Dos páginas del diario describen el trabajo de la comunidad franciscana en la región. El abuelo incluye fechas y datos específicos sobre la llegada y el trabajo de la comunidad en Tierra Santa. Según sus averiguaciones, los franciscanos mantienen 42 lugares sagrados exclusivamente con las limosnas que reciben de los peregrinos.  

Ciudadano del mundo
De los seis días que pasó en Roma, destaca dos visitas a Castelgandolfo, la residencia de verano del Papa. Según sus averiguaciones, en Roma hay doce mil salones llenos de arte y 1500 iglesias de la antigüedad, sin contar las modernas. En Asís vio la gruta donde San Francisco hacía penitencia y también el cuerpo incorrupto de Santa Clara. En Atenas visitó la Acrópolis, el templo de Zeus, Euse y el museo de Atenas.
En Zurich, Suiza, compró relojes y recorrió una ciudad moderna; En Francfort, Alemania, usó marcos para comprar la máquina de escribir portátil con la que terminó el diario y en París vio los monumentos, navegó varias horas por el río Sena y hasta visitó al embajador de Colombia en Francia, con quien tenía alguna relación. La tumba de Napoleón tiene párrafo aparte. Después de opinar su imponencia desmedida, cuenta en detalle la relación entre Napoleón y el pontífice romano al que desterró.
Además de hablar de lo sagrado, el bisabuelo usa su diario para registrar la moneda de cada lugar que visita, y el precio del cambio con respecto al dólar. Atenas, París y Nueva York le parecieron las ciudades más caras. Usó dracmas, francos y dólares para comprar regalos, y pareciera que la comida no lo impresionó, pues casi ni menciona lo que comió durante el viaje.
En otro aparte dice el abuelo: tratándose de la belleza femenina, resaltan Francia, Alemania y la Judea. Admira uno la grandeza de Dios que ha hecho seres tan perfectos y de tremenda belleza.
Las últimas páginas del diario incluyen sus reflexiones sobre Tierra Santa. En el último párrafo enumera los 16 países que visitó y termina así: “Gracias a Dios por haberme concedido la gracia que tantos años hacía que yo anhelaba y que será para mí de imperecedera memoria”.  
  

Wednesday, August 3, 2016

Vida de marajás

El palacio del Lago fue construido entre 1743 y 1746 por el maharana Jagat Singh II. Hoy es un hotel cinco estrellas.

Desembarcar en el Palacio del Lago en Udaipur, India, es adentrarse en la historia de las monarquías y los principados hindúes. Subir las escalinatas bajo la sombrilla de los marajás es intuir el dominio que ejercieron sobre millares de súbditos. Entrar al edificio de mármol construido en medio del lago Pichola es comprender la riqueza de la dinastía Mewar que dominó una región del noroeste de India durante varios siglos.
En salones como este, los maharanas tenían sus reuniones de gobierno. 
Este palacio, refugio y lugar de descanso de los príncipes de la India de antaño, es hoy uno de los hoteles más lujosos del subcontinente. Su custodio, el entonces maharana de la casa de Mewar, autorizó esta transformación a mediados de 1960, en vista de que el lugar estaba en franco deterioro. En los años 80, el palacio fue escenario de la película Octopussy, de James Bond, lo cual aumentó su fama. Algunos de los palacios más lujosos de la región de Rajastán son hoy en día hoteles cinco estrellas, remodelados y decorados al mejor estilo de la tradición indo-árabe.
El edificio está construido alrededor de varios patios de mármol blanco, decorados con fuentes, jardines y paredones en piedra labrada. Centenares de columnas y arcos elaborados adornan las áreas sociales, que además incluyen un patio para las presentaciones y las danzas con las que se entretenía la corte real. Los cuartos de los huéspedes ocupan hoy la morada en la cual los marajás definieron la historia de la región. En el Palacio del Lago es posible dormir en una habitación circular de 21 metros de diámetro, con pisos de mármol y frescos en las paredes, o en una suite histórica, decorada con piedra tallada y ventanales que ofrecen vistas únicas de las montañas Aravalli y de los demás palacios de Udaipur.
Pero este es solo uno de los tesoros de la casa de Mewar, la dinastía de reyes (rajas) que dominaron la región. Cuenta la leyenda que cuando el maharana Udai Singh II cazaba en las montañas de la región, a comienzos del siglo 16, se encontró con un ermitaño que le mostró el lugar exacto donde su reino estaría a salvo de las invasiones mogoles (árabes). Se encontraba en las laderas del lago Pichola y los batallones del rey Akbar no podrían atravesar las montañas para llegar hasta allá. Para salvaguardar su reino, el monarca construyó, además del palacio, un muro de seis kilómetros a su alrededor. Allí floreció la ciudad de Udaipur, que hasta hace pocos años fue la capital de la región. 
Un detalle único de este principado en particular es su inclinación religiosa. La dinastía Mewar está dedicada a Surya, el dios sol en la religión hindú. Por lo tanto la palabra maharaja, que significa gran rey, no es apropiada para ellos y en su lugar se hicieron llamar majaranas, lo cual significa gran protector.
La casa Mewar marcó su dominio durante varios siglos a través de la construcción de palacios y fuertes, entre los cuales están Kumbhalgharh, a cuyo alrededor se extiende la segunda muralla más larga del mundo, y el Palacio de la Ciudad de Udaipur, que fue ampliado y mejorado durante 300 años, y que además ostenta una colección histórica y arquitectónica sin rival en la región. El palacete del Monzón y una segunda residencia en el lago Pichola completan la colección de moradas para la familia real.     
Este mosaico es uno de los tesoros arquitectónicos del Palacio de Udaipur.  
En el siglo 18, el imperio mogol que había dominado el subcontinente de la India estaba debilitado. Durante 300 años, los ancestros de de Jagat Singh II, también de la dinastía Mewar, habían recuperado su territorio y establecido alianzas con los principados cercanos. El joven heredero se dedicó entonces a fortalecer dichas alianzas, a engrandecer los palacios existentes y a inmortalizar su nombre en el Palacio del Lago, que llamó Jag Niwas.
Kumbhalgarh se esconde en las montañas Aravalli. 
Desde entonces, y hasta mediados del siglo XIX, la familia real se mudaría a un palacio diferente dependiendo de la estación. En todos ellos había salones de mármol decorados con piedras semipreciosas en los cuales se llevaban a cabo las durbar, o reuniones oficiales, así como festividades y danzas en honor de Surya, el dios sol.

Rajastán es uno de los 29 estados de la India, posiblemente el más turístico gracias a su riqueza histórica. Udaipur, la ciudad que acoge estas riquezas, es la antigua capital del territorio y la base de muchos turistas que quieren darle un vistazo a los lugares donde prosperaron los reyes de bigotes y turbantes que cazaban leopardos y se paseaban en palanquines, caballos y elefantes. 





Saturday, July 23, 2016

A través del visor

Capturar la vida en una imagen. ¿Es ese el ideal de todo fotógrafo, o tal vez es solo el sueño mío?
Tomar una fotografía de paisaje es un reto interesante, que requiere ojo agudo, paciencia y buen equipo. Pero tomar una fotografía de sujeto es otra cosa. El movimiento es constante, las obstrucciones son de esperarse, y la oportunidad de capturar la imagen ideal desaparece en un segundo. Un peregrino en oración, la risa de un anciano, el gesto de sorpresa de un niño desprevenido.
Los reporteros gráficos son expertos en este campo. Yo, en cambio, me doy por bien servida cuando logro capturar una imagen nítida de lo que he visto. Algunas veces quedo satisfecha con el resultado de mis fotografías, pero casi siempre me queda un vacío: el no poder comunicar en una imagen lo que se vivía en un momento preciso.
La fotografía es una de mis aficiones preferidas y la vida me ha regalado oportunidades únicas para disfrutarla. No he logrado captar la foto perfecta, pero guardo algunas imágenes que me animan a seguir intentando.
Por eso no he reemplazado la cámara enorme y los lentes pesados por el obturador del celular. Porque a través del visor aprecio la belleza de la vida y la posibilidad efímera de congelar el tiempo en una imagen única.



 


Saturday, August 2, 2014

Las caras del monte Rinjani

En la villa de Senaru, al norte de la isla de Lombok, la cima del volcán Rinjani es el telón de fondo perfecto para los caminantes que llegan a escalar el segundo volcán más alto de Indonesia. El monte Rinjani es un volcán activo, cuyo principal atractivo es el lago multicolor que inunda su cráter. Como resultado de erupciones anteriores, adentro del cráter se eleva una pequeña montaña, que ocasionalmente lanza humo y cenizas.
De marzo a octubre, miles de viajeros de todo el mundo se aventuran para alcanzar la cima del volcán, que se eleva a 3726 metros sobre el nivel del mar. Desde allí, en un día despejado, pueden contemplar la salida del sol sobre las nubes, mientras divisan el volcán Agung en la isla de Bali o Sumbawan, una de las 13000 islas del archipiélago de Indonesia.
Dependiendo de su interés y de su habilidad física, los visitantes eligen diferentes rutas para subir la montaña: algunos prefieren ascender a la cumbre en dos días; otros reservan tres días para ir a la cumbre y luego bajar hasta el cráter; otros prefieren darle un vistazo al cráter desde el borde en solo un día de viaje. Cualquier opción es apropiada para deleitarse con la variedad de paisajes, la exuberancia del suelo y la frescura del aire que rodean a Rinjani.  
Acompañados por un guía y varios cargadores, los caminantes comienzan su travesía en el costado oriental del Parque Nacional Monte Rinjani, en Sembalun. Allí, los cultivos de tomates, zanahoria, ajo, habichuelas y arroz son prueba de la fertilidad de la tierra. Los vaqueros y su ganado observan a los turistas mientras disfrutan del clima cálido del valle. El camino es fácil y el paisaje pintoresco. Durante el descanso, los cargadores preparan un delicioso almuerzo.
Al llegar al filo de la montaña, sin embargo, el ascenso es empinado y resbaladizo. Las nubes cubren la ladera y las rocas remplazan los verdes pastos. Después de siete horas de viaje, el borde del cráter premia a los caminantes con una vista del lago sin igual: el azul turquesa de sus aguas brilla, mientras la nueva montaña se esconde tras las sombras del atardecer. El viento impulsa oleadas de nubes blancas, que poco a poco esconden la grandeza del paisaje. Unas 50 carpas delinean la orilla del volcán, y cientos de voces recuerdan que esta es una de las caminatas más populares del sureste de Asia.
Arropados hasta la coronilla, con linternas en sus cabezas y listos para enfrentar tres horas de camino, guías y caminantes comienzan el ascenso a la cumbre mucho antes del amanecer. Piedras y arena volcánica sueltas hacen de ésta, la parte más difícil del recorrido. En la cumbre los espera un inolvidable amanecer y la satisfacción de saberse vencedores sobre los obstáculos de la naturaleza y la debilidad de su cuerpo.
Justo cuando el sol empieza a iluminar las nubes en el este, el punto más alto de la cumbre empieza a inundarse con los victoriosos caminantes, que toman fotografías sin cesar. Sin embargo, el viento y la baja temperatura los obligan a emprender un rápido descenso. Luego de dos horas, en la orilla del cráter, los cargadores esperan con un desayuno que incluye frutas, proteína y carbohidratos. Luego de un par de horas de descanso, es hora de continuar la jornada hacia el cráter del volcán.
Durante el descenso, los viajeros ponen a prueba su equilibrio y la resistencia de sus músculos. El camino incluye rocas cubiertas de arena mojada y escalones largos y empinados, además de los rostros fatigados de caminantes que hacen el recorrido contrario. La recompensa, por fortuna, incluye un paisaje inigualable y la oportunidad de darse un baño en las aguas termales del volcán.
Rinjani es un volcán activo, cuya erupción más reciente se registró en 2010. La caldera, que tiene un área de 50 kilómetros cuadrados, está cubierta por un lago en forma de luna creciente así como por una montaña pequeña, que surgió después de una de sus tantas erupciones. La fumarola de la ‘Nueva Montaña’ es monitoreada constantemente para asegurar la seguridad de los viajeros y de los habitantes de la región. Las aguas termales causan la variedad de colores en el lago, cuya profundidad se estima en unos 200 metros. 
Por las reseñas de viaje publicadas en Internet, pareciera que el único atractivo de Rinjani consiste en escalar su cumbre y divisar su lago multicolor. Sin embargo la diversidad de los paisajes durante el recorrido es igualmente cautivadora. Los Sasak son los habitantes originales de la región y Rinjani es su montaña sagrada. Las familias, que visitan el lago y las aguas termales con fines religiosos, mantienen una gran variedad de cultivos en sus fértiles laderas.
Durante el recorrido de vuelta, los viajeros se encuentran con una variedad de terreno sorprendente: la salida del cráter es rocosa y empinada; el descenso a la villa de Senaru, fresco y plagado de árboles. Un exuberante bosque tropical crece en la ladera norte de Rinjani. Es tal su atractivo, que varias compañías turísticas ofrecen planes para observar las aves y los monos que habitan el lugar. En lugar de tener rocas y polvo, el camino enseña tierra negra y raíces retorcidas.
Finalmente, después de tres días de camino, el canto de un gallo y el ocasional ladrido de un perro anuncian el fin de la aventura. Una vez más, los cultivos de cacao, café y yuca le dan la bienvenida al caminante. La vida en las calles empinadas de Senaru continúa, imperturbable, a pesar de la cantidad de turistas que visitan el lugar.   

Tristemente, tanto las laderas como el cráter del volcán están plagados de basura. Durante años, guías y caminantes han dejado su huella en forma de envolturas de dulces, botellas de agua, bolsas plásticas, papel higiénico y colas de cigarrillo. Los restos de comida, que se consideran biodegradables, se acumulan en tal cantidad que superan la capacidad de la tierra para descomponerlos. De hecho, las sobras son el alimento principal de los monos grises que habitan la montaña. Es de tal magnitud el problema, que en sus testimonios algunos caminantes solamente recuerdan las moscas, las ratas y los montones de basura que encontraron en su camino. Aunque algunos operadores turísticos se comprometen a sacar el plástico que llevan a Rinjani, falta mucho para que el volcán sagrado de los Sasak sea tratado como tal por los caminantes.

Tuesday, July 22, 2014

Borobudur, la belleza máxima


En la penumbra, decenas de turistas ascienden, linterna y cámara de fotografía en mano, hacia el domo central que corona el templo budista más grande del mundo. Como en una jornada de cacería, cautelosamente buscan el lugar ideal para contemplar el amanecer en Borobudur, el templo que construyeron hace 1300 años los líderes de la dinastía Saliendra en el centro de Java, Indonesia.
Apoyados contra una de las 72 estructuras en forma de campana que rodean el domo, los visitantes esperan a que los primeros rayos del sol iluminen, no solo el imponente valle Kedu, sino alguna de las 504 imágenes de Buda que durante 12 siglos han adornado este lugar de peregrinación.
A medida que el alba le da forma a las estructuras de piedra, los camarógrafos y sus trípodes se mueven de un lado para otro buscando el mejor ángulo para retratar el reflejo del sol naciente en estatuas, piedras esculpidas y bajorrelieves. A su vez, guías locales deleitan a los turistas con detalles sobre la vida y obra de Buda, así como con los impresionantes datos del lugar santo. En inglés, chino, español y japonés explican que la estupa central, o sea el domo original, tenía una altura de 42 metros; que se necesitaron 55000 metros cúbicos de piedra para construir el templo y que no se usó cemento para levantar la estructura, sino que las rocas se ensamblaron usando sus salientes y hendiduras.
Cuando la magia del amanecer ha terminado, la atención de los visitantes se centra en los múltiples detalles del templo. Empiezan por su diseño, que tiene forma de pirámide cuadrada en la base y termina en tres terrazas circulares. La estructura sigue el patrón de la mándala, que es común en la iconografía budista y que representa el cosmos.
Desde su construcción, que comenzó en el año 750, peregrinos provenientes de India, China y el sureste de Asia visitaron el monumento. Sin embargo, cayó en el olvido durante siglos por causa de las erupciones del volcán Merapi y como consecuencia de la expansión del islam en la isla. Los habitantes de la región llegaron a pensar, inclusive, que visitar el lugar era de mal augurio. Finalmente Sir Stamford Raffles, fundador de Singapur, lo redescubrió en el siglo XIX y desde entonces ha sido restaurado a su grandeza original. 
Según la tradición, los peregrinos comienzan a recorrer la base del templo, donde meditan sobre el mundo de los sentidos. Este nivel oculta 160 bajorrelieves que ilustran comportamientos como el robo, el chisme y los asesinatos, así como la ley del karma. Al parecer, los bajorrelieves de este nivel han estado cubiertos desde la construcción original del templo, pero en la actualidad hay una esquina a la vista de los visitantes. El museo anexo, recuerdan los guías, tiene las fotografías de los demás relieves ocultos.
En su búsqueda por alcanzar el nirvana, los peregrinos recorren, a continuación, los cuatro niveles siguientes, que describen la vida de Gautama Buda. En una extensión de 2.5 kilómetros, las rocas esculpidas cuentan historias tradicionales de las vidas anteriores de Buda, del nacimiento del príncipe Siddhartha, y de las diferentes personas que encontró en su camino hacia la iluminación. El cuarto nivel narra en detalle la manera como Buda encontró el conocimiento supremo y la verdad máxima. Además de las ilustraciones, estos niveles están adornados con paneles decorativos y con 328 budas enclaustrados en nichos decorados detalladamente.
Finalmente, en la parte superior del templo, tres terrazas circulares expresan la separación del mundo de los sentidos. Aquí la decoración es mínima. 72 budas contemplan el mundo a su alrededor a través de estructuras perforadas, que tienen forma de campana. A estas estructuras se les llama estupas. En las terrazas inferiores las perforaciones son en forma de diamante; en las superiores, en forma de cuadrado, pues esta es una forma más perfecta según la iconografía budista. La estupa central está vacía.

Para terminar, el guía recuerda que el mejor día para visitar el templo es durante ‘Waisak’, una festividad que celebra la vida, iluminación y muerte de Buda. De acuerdo con el calendario budista, puede ocurrir en abril o en mayo. Miles de monjes, peregrinos y turistas visitan Borobudur y los templos aledaños. Hay meditación, cantos y comida en cantidad.     

A media mañana, visitantes y peregrinos inundan el templo. Algunos quieren tocar los budas en sus campanas. Otros cuentan las posiciones de las manos en las estatuas, y algunos reflexionan silenciosamente en la vida de Sidarta Gautama Buda. Ellos hacen parte de los dos millones y medio de turistas que visitan el santuario cada año. Según informes de la Unesco, el cambio del clima, las basuras y el uso desmedido han causado su deterioro. De hecho, de los 504 budas de Borobudur, 300 están incompletos y 43 han desaparecido. Tal vez el karma del templo es haber sido considerado una de las siete maravillas del mundo.   

Vestigios de poder

Sesenta kilómetros al este de Borobudur se encuentra el complejo religioso hindú más grande de Indonesia. Prambanan no es solamente un espectacular conjunto de torres de piedra labrada, sino que forma parte de unos 220 templos más pequeños que inundan el valle del mismo nombre.
Datos arqueológicos indican que no pasó más de un siglo entre la construcción del templo budista Borobudur y el hindú Prambanan, lo cual explica la existencia de otra dinastía en la región. La evidencia arqueológica apunta a que dos poderosas dinastías vivían en armonía en la región. La prueba está en que la mayoría de los templos menores que rodean a Prambanan exhiben imágenes budistas.
A diario, cientos de turistas viajan desde Yogyakarta, en el centro de la isla de Java, para admirar los templos principales de Prambanan. En una plazoleta elevada, varios santuarios rinden homenaje a la trinidad hindú: Siva, Brahma y Visnú. De acuerdo con la tradición oriental, las construcciones tienen una base cuadrada y una torre circular, que simbolizan el contraste entre lo humano y lo espiritual.
Restauradores locales trabajan en el templo de Siva. 
En el centro de la plazoleta se erige la edificación más imponente, construida en honor a Siva. Se trata de un templo elevado, de tres niveles, que alcanza los 50 metros de altura. En su interior hay varias recámaras, con una imagen central de Siva y otras relacionadas con esta deidad. El exterior de la parte central ostenta 62 bajorrelieves que narran el Ramayana, una de las principales historias épicas del hinduismo.
Imagen de Visnú
Los templos laterales honran a Brahma y Visnú, que completan la trinidad hindú. Aunque más pequeños, tienen la misma estructura y están igualmente decorados de punta a punta. Frente a cada estructura se elevan tres templos menores, dedicados al cisne, el águila y el búfalo, los animales que transportan a los dioses.  

Vista del templo de Siva
Contemplar este conjunto de templos es un privilegio reciente. A lo largo de sus 1200 años de existencia, Prambanan ha resistido terremotos, erupciones volcánicas y siglos de abandono. Aunque el proceso de restauración empezó a mediados del siglo XIX, un terremoto en el año 2006 acabó con decenas de estructuras en el lugar. Debido a su calificación como patrimonio universal, La UNESCO y el gobierno de Indonesia se han encargado de devolverles la gloria a estos centros de alabanza.