Artículos, opiniones y puntos de vista sobre lo que pasa y lo que se publica por ahí.
Sunday, March 4, 2012
Usted, ¿a qué va a Las Vegas?
Monday, February 20, 2012
Si por allá llueve…
| Amanecer de un dia cualquiera en Texas |
Por acá no. Varios estados de Estados Unidos, al igual que los países del este de África y el cono sur de Sur América, sufren las devastadoras consecuencias del fenómeno de La Niña.
Monday, January 2, 2012
Cómo cumplir esos propósitos de año nuevo
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¡Este año
sí corro un maratón!
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'via Blog this'
Tuesday, July 26, 2011
Una aversión inconveniente
Voy a decir que esta aversión a los aviones empezó cuando a mi hermano menor le diagnosticaron un cáncer linfático. Fui a visitarlo en medio de sus sesiones de quimioterapia, aprovechando mis vacaciones de Navidad. Pudo haber sido que el viaje no fuera tan suave como de costumbre o, más probablemente, que la ansiedad me hiciera sentir cada movimiento del avión como una violenta turbulencia. El caso es que llegué a mi destino empapada en sudor, con las manos temblorosas y con la vergüenza de haber apretado el brazo de mi compañero de viaje en repetidas ocasiones.
Seis meses después volví a casa para visitar a mi hermano, que gracias a Dios está bien, pero tristemente noté que el miedo al viaje se quedó en un rincón de mi conciencia.
No pertenezco a ningún club de viajeros frecuentes, pero conozco la rutina en los vuelos comerciales y puedo contar como exitosas un par de experiencias en vuelos transatlánticos. Sin embargo, desde el pasado mes de diciembre, volar se convirtió en una actividad agotadora.
A diferencia de la gran mayoría, lo que me trasnocha no es el llanto de un niño, el ronquido del vecino o el hedor de los baños después de un rato de vuelo. La molestia está en mi mente, que se enciende a la par del motor del avión y que en lugar de llevarme a destinos paradisíacos me arrastra por todos los escenarios posibles de catástrofes y accidentes aéreos de los que tengo memoria.
A medida que el avión despega, mi mente comienza a elaborar tres conversaciones simultáneas: en la primera oigo llantos, veo explosiones y siento los golpes de la caída que nos espera. En la segunda escucho mi voz, tratando de convencerme de que me calme, pues no hay razones para tener pánico. A través de la tercera línea oro. Trato de comunicarme con ese Dios que me va a llevar segura a mi destino, que me va a tranquilizar y que va a conseguir que deje de pensar en tantas tonterías.
Cuando ninguna de estas estrategias funciona, leo. Intento poner atención a la película de turno. Converso con mis compañeros de viaje. Cierro los ojos y oro de nuevo. Repito. Cuento las horas para que el viaje termine. El anuncio del descenso me da una alegría inmensa, pero también me recuerda que la mayoría de accidentes aéreos ocurren durante el aterrizaje. Respiro tranquila y hago mi última oración después de que el avión toca tierra.
He leído múltiples versiones de artículos sobre seguridad aérea; varios vecinos de vuelo me han repetido que no hay de qué temer; incluso mis familiares dudan del temor que profeso. Es más, mientras escribo estas líneas reconozco que se trata de un temor infundado y seguramente pasajero, pues tiene causas muy diferentes al ejercicio de subirse a un avión.
No sé cuándo será mi próximo viaje. Sólo sé que con miedo o sin miedo seguiré tomando el riesgo de volar cada vez que se me presente la oportunidad.
Sunday, April 17, 2011
¡A las letras!

El próximo 29 de abril se vence el plazo para enviar portafolios a 'Voces de la comunidad', un espacio en el periódico de Dallas en el cual maestros, estudiantes y personas del común publican sus columnas de opinión sobre los temas de interés locales y nacionales. Por supuesto, es una de mis páginas favoritas del periódico. Cada sábado (cuando se publican las columnas) me fijo en el perfil de quienes escriben, en la estructura de sus artículos, en la relevancia de los temas. Mientras leo, pienso en el día en que alguno de mis escritos salga publicado allí.
Hace un par de años participé en la convocatoria con una columna sobre el 'spanglish' que se habla en los Estados Unidos y con otra que hablaba sobre mi condición de inmigrante. No salí elegida. El año pasado pensé en participar, pero ni siquiera me senté a escribir. Esta semana va a ser larga y ocupada. Sin embargo, estoy decidida a participar. ¿Por qué no? Tengo la fortuna de haber estudiado periodismo; hago parte de esa minoría creciente llamada hispanos, y como si fuera poco, tengo la oportunidad de enriquecer mis opiniones y puntos de vista con la perspectiva que ofrece mi esposo anglosajón.
Esta tarde, sin embargo, he perdido dos horas tratando de consolidar una lista de ideas sobre las cuales escribir. Cuando pienso en temas cotidianos tales como las redes sociales, el uso del celular en las autopistas, o la educación bilingüe, temo ser repetitiva y regañona, pues tengo una opinión muy sesgada sobre dichas situaciones. Si, en cambio, decido hablar sobre temas más ‘institucionales’ tales como la elección de alcalde en Dallas, el desempleo, el ‘Dream act’ para los jóvenes inmigrantes, etc., temo que mis artículos resulten irrelevantes a causa de un error en la información, o alguna falta en mi investigación.
Tengo 12 días para elaborar un par de artículos. Sería todo un logro si salgo elegida como una de las ‘voces de la comunidad’ de Dallas. Si no, al menos daré un paso más en esta búsqueda incesante de mi pasión.
